domingo, 10 de octubre de 2010
martes, 27 de julio de 2010
Hijos de nunca, es hora
A los abortados del mundo
Hijos de nunca, es hora de teneros en cuenta
-tantos rostros sin nombre, tantos nombres sin rostros-.
Por cada malogrado capullo en las entrañas
se levanta este canto de amor para vosotros.
Diminutos encajes, seres deshilachados,
brutalmente arrancados del íntimo telar
donde se entretejía la esperanza futura,
gotas de agua que nunca llegasteis hasta el mar.
Sueños desvanecidos, resquebrajados vasos
por los que se fugaron vuestras trémulas almas,
calendarios privados de la gracia del ciclo,
tiernos soles extintos detrás de la alborada.
Delicadas promesas que escuchabais la vida
retumbar, insistente, como vital tambor…
vosotros no heredasteis la canción del latido,
para vosotros nunca llegó a abrirse el telón.
Jamás sobrepasásteis la ración del suspiro,
víctimas sofocadas por trágicas mordazas
de vientres decididos a fungir de cadalsos
-vuestras madres optaron por el filo del hacha-.
Hijos de nunca, es hora de que alguien os conceda
un gesto de empatía, un recuerdo piadoso,
de que se os reivindique como a seres humanos
aunque os hayan barrido como a rojos escombros.
Tendednos vuestras manos, o lo que queda de ellas,
juntad vuestros pedazos y, si os permite el cielo,
venid a nuestros tristes corazones de luto
y reposad en ellos. Perdonad el mal hecho.
Quiero, si estáis de acuerdo, que en mi reloj de arena
tengan siempre cabida vuestros pequeños granos.
Aceptad, por justicia, un sitial en mi alma
que es deber de conciencia y humilde desagravio.
Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com
Hijos de nunca, es hora de teneros en cuenta
-tantos rostros sin nombre, tantos nombres sin rostros-.
Por cada malogrado capullo en las entrañas
se levanta este canto de amor para vosotros.
Diminutos encajes, seres deshilachados,
brutalmente arrancados del íntimo telar
donde se entretejía la esperanza futura,
gotas de agua que nunca llegasteis hasta el mar.
Sueños desvanecidos, resquebrajados vasos
por los que se fugaron vuestras trémulas almas,
calendarios privados de la gracia del ciclo,
tiernos soles extintos detrás de la alborada.
Delicadas promesas que escuchabais la vida
retumbar, insistente, como vital tambor…
vosotros no heredasteis la canción del latido,
para vosotros nunca llegó a abrirse el telón.
Jamás sobrepasásteis la ración del suspiro,
víctimas sofocadas por trágicas mordazas
de vientres decididos a fungir de cadalsos
-vuestras madres optaron por el filo del hacha-.
Hijos de nunca, es hora de que alguien os conceda
un gesto de empatía, un recuerdo piadoso,
de que se os reivindique como a seres humanos
aunque os hayan barrido como a rojos escombros.
Tendednos vuestras manos, o lo que queda de ellas,
juntad vuestros pedazos y, si os permite el cielo,
venid a nuestros tristes corazones de luto
y reposad en ellos. Perdonad el mal hecho.
Quiero, si estáis de acuerdo, que en mi reloj de arena
tengan siempre cabida vuestros pequeños granos.
Aceptad, por justicia, un sitial en mi alma
que es deber de conciencia y humilde desagravio.
Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com
domingo, 16 de mayo de 2010
RUEGA POR TODOS LOS BEBES
Santa Gianna Beretta
Santa Gianna Beretta
Gianna nació el 4 de octubre de 1922 en Magenta, Italia. En una familia con 13 hermanos, se orientó a la profesión de médica, que era una tradición de familia, y se casó en 1955 con Pietro Molla, ingeniero industrial también militante de Acción Católica. Estaba decidida a formar una familia cristiana y combinar su vida familiar, profesional y apostólica en su proyecto de vida.
Ingresó a la Acción Católica Italiana desde muy joven, en 1943, y sirvió a sus hermanos a través de distintos cargos, en el campo estudiantil y parroquial. A los 39 años, embarazada de su cuarto hijo, comenzó a tener complicaciones de salud. Hoy, su marido de 82 años lo recuerda con detalles: «Durante el cuarto embarazo, en septiembre de 1961, apareció un gran fibroma en el útero, por lo cual –a los dos meses y medio- se hizo necesaria una intervención quirúrgica.
Este fue el inicio de su holocausto. Fidelísima a sus principios morales y religiosos, dispuso sin dudar que el cirujano se ocupase primero de salvar la vida de su criatura». En vísperas del parto no dudó en reunir junto a su lecho al marido y a los médicos para decirles: «Si deben elegir entre el niño o yo, ni lo duden: elijan, y se los exijo, al niño. ¡Sálvenlo!». Con estas convicciones profundas y sabiendo lo que le esperaba –Gianna era pediatra- entró en la clínica de Monza y el 20 de abril de 1962, Viernes Santo, tuvo a su hija, Gianna Manuela. La hasta hoy beata falleció ocho días después.
El Papa Juan Pablo II la declaró venerable en julio de 1991 y el 24 de abril de 1994, en su beatificación, la propuso como modelo para todas las madres.
Oremos
Himno
Un amor casto y puro
Calladamente: Más grande que la vida
Y que la muerte. Dulce su casa,
Y su marido en ella Se contemplaba.
Era su amor de madre Como una rosa:
Pétalos de fragancia Y espinas rojas.
Y era su seno Un arrullo de lirios Y de silencios.
Olor a roja viña Y a tierna hogaza:
Y su mano prudente Acariciaba
Sus dedos limpios Iban tejiendo lana Para sus hijos.
Y Dios desde su cielo Se sonreía,
Por la casta frescura De fuente limpia.
Amor callado Que vestía al Cordero De rojo blanco.
Amén
Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor intenso a tu santo nombre, semejantes a los que diste a Santa Gianna Beretta, para que así, sirviéndote con sinceridad y lealtad, a ejemplo suyo también nosotros te agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
